Donde la crisis llega primero y dura más: Programa Integral Metropolitano


El Programa Integral Metropolitano (PIM) de la Universidad de la República (Udelar) lleva adelante la extensión universitaria, enseñanza e investigación desde la inserción territorial. Desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020, estudiantes y docentes acompañan en su trabajo los procesos de crisis que vive la comunidad en la zona Este de Montevideo.

Las actividades del PIM, que fue creado en 2008, abarcan barrios de los Municipios E y F —Villa García, Punta de Rieles, Maroñas, Malvín Norte, entre otros— y algunos del departamento de Canelones, como Barros Blancos. El programa tiene como objetivo articular prácticas integrales de aprendizaje universitario -con estudiantes y docentes de distintas áreas y carreras-, con base en problemas emergentes de la realidad y con la participación de la comunidad. Esta incluye a una diversidad de actores sociales de la zona. Las áreas donde el PIM trabaja con mayor énfasis se relacionan con la vivienda, el hábitat, el ambiente y la educación.

Los fundamentos de esas prácticas son las acciones en el territorio y el diálogo entre los saberes de las personas que viven, estudian o trabajan en él y los saberes universitarios. Por eso la llegada de la epidemia de Covid-19 conmovió las bases del quehacer del programa y rápidamente demandó respuestas a las problemáticas que surgieron en la zona por la crisis sanitaria y social.

Los docentes y coordinadores del PIM, Marcelo Pérez y Agustín Cano dialogaron con el Portal de la Udelar sobre las experiencias del programa desde marzo de 2020 . Comentaron que, al igual que el resto de la Universidad, la primera reacción en el PIM fue «tratar de entender y quedarnos un poco quietos». Se detuvieron casi todas prácticas y proyectos que habitualmente se desarrollan en su local, ubicado en Ruta 8 y Ruta 102, así como en otros puntos del territorio. Igualmente tomaron contacto con los actores sociales vinculados con el programa: «un puzzle muy diverso que incluye desde comisiones barriales a instituciones educativas, organizaciones culturales, de salud, que estaban un poco en la misma que nosotros, quedándose en casa tratando de ver», comentaron. 

Para los vecinos «la crisis social y económica no se hizo esperar, en eso hay una diferencia entre el mundo universitario y el mundo de los barrios», expresó Pérez. La zona donde trabaja el PIM es muy populosa y en el orden social y económico siempre muestra índices «bastante preocupantes» de desempleo, de acceso a la educación, a la salud, que empeoraron rápidamente.

La primera reacción que acompañó la incertidumbre fueron las estrategias de supervivencia y de alimentación, señalaron. En la segunda semana ya había ollas populares, «un fenómeno recurrente del cual hay memoria en esta zona porque en 2002 también fueron parte de una estrategia alimentaria». 

El PIM emprendió un relevamiento de las problemáticas que surgían en la zona y a la vez exploró posibles acciones de la Universidad para abordarlas. Los docentes del programa comenzaron a ensayar formatos de vínculos a través de teléfono, redes sociales, correo electrónico «a los que no estamos acostumbrados en la extensión y las prácticas integrales»; el uso extendido de la modalidad virtual es bastante nuevo para la Universidad pero más para quienes trabajan gran parte del día en los barrios y las instituciones de la zona, señaló Pérez.

A fines de marzo de 2020 el Consejo Directivo Central (CDC) resolvió conformar tres grupos de trabajo para llevar adelante acciones que aportaran a enfrentar la pandemia y sus efectos, en consonancia con las funciones básicas de la Udelar y «con particular foco en los efectos sociales y económicos sobre los sectores más vulnerables de la sociedad». Para ese momento el PIM había realizado su relevamiento y el trabajo se sumó al informe realizado por el grupo «Acción universitaria en el medio» que resume las iniciativas de todos los servicios universitarios en el área de la extensión ante la crisis.    

Las primeras actividades presenciales del PIM, con la participación de algunos docentes, se enfocaron en el apoyo a las ollas solidarias de la zona. Se realizaron recorridas para acercarles materiales de protección e higiene, como el alcohol en spray producido por la Facultad de Química y cartillas con información sobre los cuidados para la manipulación de alimentos. «Se trató de poner a disposición el conocimiento que pudiera ser útil para esa estrategia. Fue una primera actividad de corte más asistencial que se iba complementando con la actividad de pensar cómo íbamos a asumir la emergencia no solo sanitaria sino económica y social que ya estaba instalada a las dos semanas de la llegada del Covid», explicaron.

En este proceso de adaptación a un concepto de incertidumbre y a las modalidades no presenciales, se fueron retomando las líneas habituales de la actividad del PIM, pero bajo las nuevas condicionantes y formas de relacionamiento.

Crisis y respuestas

Nuevas iniciativas se originaron a partir de esta crisis. Una de ellas fue la creación del Consultorio de asesoramiento virtual sobre derechos laborales y territorio en la emergencia, en conjunto con la Facultad de Derecho. Comenzó recibiendo consultas sobre aspectos jurídicos a través de vías no presenciales por parte de trabajadores de la zona de influencia del PIM, surgidas frente al desempleo, el subempleo, las situaciones de paro o despido. Cuando se abre lugar a litigios, estos son llevados adelante por el Consultorio Jurídico de la Facultad.

Pérez, que junto con Juan Ceretta es uno de los docentes responsables de este consultorio, señaló que es una iniciativa innovadora también para la Facultad. A través de un llamado, se conformó un equipo de más de 20 estudiantes avanzados y egresados de las carreras de Relaciones Laborales o Abogacía para este consultorio. Pérez destacó que esta tarea no genera créditos ni validaciones sino que «responde a un espíritu genuino de la extensión, es una actividad donde la motivación y la respuesta de la Universidad a la sociedad están presentes».  Además trajo innovaciones en la enseñanza porque al aula virtual se puede incorporar un caso, con la participación del vecino o trabajador que realiza la consulta. Esto es interesante porque el consultante intercambia con varios estudiantes, «no solo con el que lleva adelante el caso», explicó. 

Otra de las líneas de trabajo que inauguró el programa en 2020, en conjunto con la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), es el Consultorio de hábitat y vivienda en la emergencia. Esta iniciativa, que tiene alcance en los territorios de acción del PIM y en la cuenca de Casavalle, tiene como objetivo aportar a la mejora de las viviendas y su entorno en el contexto de la emergencia sanitaria. Tanto en Casavalle como en el Municipio F, numerosas viviendas presentan condiciones que determinan el hacinamiento, además de otras de problemáticas habitacionales que son factores de riesgo para la salud humana: carencias de confort térmico, humídico, de instalaciones eléctricas adecuadas, de estructuras materiales, entre otras. 

Las consultas se inician mayormente en formato virtual y continúan con instancias pautadas con los equipos académicos para la realización de trabajos, comunicación y asesoramiento. Pérez señaló esta iniciativa «recoge una idea vieja de la FADU, que hace 20 años viene discutiendo sobre la posibilidad de tener un consultorio de vivienda y hábitat de este tipo. La emergencia sanitaria y social ha sido una oportunidad para concretarla». Se reciben consultas sobre patologías constructivas, problemas de ventilación, iluminación u otros factores «que de alguna manera terminan resintiendo la salud de la gente. El Covid fue una buena excusa porque hay un conjunto de condiciones del hábitat que están puestas en cuestión», comentó.

A diferencia del consultorio que asesora sobre derechos laborales, donde el trabajador puede consultar personalmente, en el de vivienda la consulta se realiza en alianza con alguna organización local. Esto lo diferencia de otras acciones que ha desarrollado la Universidad en el ámbito de la vivienda, como por ejemplo los convenios relacionados con el Plan Juntos. Este punto «tiene relevancia para los procesos de extensión y la aleja del asistencialismo», explicó Pérez. En este caso la vinculación con una comisión de barrio, organización vecinal u otro colectivo social puede complementar los aportes de la Udelar con el acceso a materiales de construcción o a mano de obra para corregir problemas de la vivienda, indicó. Además, a partir de esa alianza pueden buscarse apoyos concretos de instituciones públicas, pero esto no opera del mismo modo que un convenio de la Udelar con una política u organismo públicos, aclaró, «sino que las instituciones aparecen en la medida que el caso, la familia o la organización lo gestionen».

Aprendizajes en crisis

A 16 meses del inicio de la pandemia, algunas realidades que parecían transitorias continúan totalmente vigentes. En los diferentes barrios de la zona de influencia del PIM se instalaron decenas de ollas y cocinas comunitarias y se conformaron algunas redes que las vinculan. Funcionan, además, iniciativas para el reparto de viandas y canastas, así como de producción de alimentos en huertas vecinales y domésticas. El acompañamiento a las estrategias comunitarias de alimentación en la zona se constituyó como una línea de trabajo importante en el programa que se mantiene hasta hoy. 

Cano explicó que en los cursos del PIM se buscó adaptar los encares y contenidos para vincularlos más estrechamente con los efectos de la emergencia sanitaria y social. En el Espacio de Formación Integral (EFI) Pedagogía, política y territorio, se adecuó el programa para poder tematizar emergentes de la pandemia, tanto en el primer semestre, de carácter no presencial, como en las prácticas del segundo semestre del año pasado. Por ejemplo, en 2020 el EFI se integró a la coordinación interollas tratando de observar cómo las memorias de organización social autogestiva del barrio se reactivaron, qué dinámicas de autogestión se dan y cómo apoyarlas. «A partir de los cursos que readecuamos también hay un aporte ante la emergencia», explicó.

Este año se implementó el Espacio de Formación Integral (EFI) Soberanía alimentaria en los barrios: experiencias agroalimentarias en tiempos de emergencia, dirigido a estudiantes avanzados de todos los servicios. Tiene como propósito acompañar a colectivos y organizaciones comunitarias dedicadas a la producción y abastecimiento de alimentos (huertas y cocinas comunitarias) en las áreas de influencia del PIM y de la Facultad de Ciencias, especialmente, aquellas experiencias que intensificaron sus acciones producto de la emergencia sanitaria y sus efectos.

Por otra parte, una de las principales líneas de trabajo del PIM, Diálogo de saberes entre Universidad y Enseñanza Media, se vio afectada, agregó Cano. El vínculo con los liceos y centros UTU de la zona incluidos en este proyecto siempre debe sortear la dificultad de que los docentes no cuentan con horas asignadas para coordinar interinstitucionalmente, señaló. En los primeros meses de la pandemia, el vínculo preexistente con las instituciones permitió circular un conjunto de materiales de divulgación que la Universidad produjo durante el año, tanto sobre cuestiones relativas al virus y la enfermedad, como a la salud mental, salud ocupacional y teletrabajo, prevención de la violencia de género, entre otros temas.

A su vez, con la interrupción de las clases presenciales la dinámica que habían logrado pautar para coordinar el trabajo se perdió, al tiempo que el trabajo educativo en su conjunto se vio reconfigurado y afectado en múltiples planos. En ese contexto, el PIM puso en marcha el proyecto de investigación Experiencias de educadores/as y estudiantes de enseñanza media en relación a sus prácticas educativas durante la pandemia: el caso de Bella Italia. Se trata de un proyecto que cuenta con la participación de docentes y estudiantes de Ciencias Antropológicas y Educación de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE) y docentes de Facultad de Ciencias Sociales, e involucra al Liceo Nº58, el CEC-UTU de Bella Italia y el Centro Juvenil de Bella Italia.

Este y Oeste

La crisis sanitaria, económica y social dio impulso a una idea que reunió al PIM con el otro gran programa territorial de la Udelar: Apex: «les planteamos la idea de armar juntos un plan de atención territorial de emergencia que nos llevó dos meses de trabajo y fue aprobado en la Comisión Sectorial de Extensión y Actividades en el Medio (CSEAM). La elaboración de este plan es un hito en la historia del PIM y del Apex, si bien teníamos experiencia en algunas actividades conjuntas», explicó Pérez.

El plan se estructuró en cuatro ejes: derecho a la alimentación y soberanía alimentaria; salud integral y cuidados; hábitat, vivienda y espacio público; trabajo, derechos laborales y cadenas productivas. Al producirlo, ambos programas potenciaron sus experiencias para reprogramar y crear dispositivos para prácticas integrales. Los aspectos contemplados refieren al cuidado y la salud de la población en lo inmediato pero también a la prevención de un deterioro económico, del sector productivo y laboral, del hábitat y de la salud integral de las personas, que comenzó con la emergencia sanitaria pero que «con seguridad se extenderá en el tiempo», explicaron. Se propuso desarrollar este plan para una acción en conjunto con los servicios universitarios, de forma virtual y presencial.

Tiempo de prácticas

En ocasiones el programa trabaja en coordinación con instituciones públicas, indicaron los docentes, «pero en la medida en que estas estén presentes y se vinculen con los sujetos de las prácticas del PIM, que son los propios vecinos, las instituciones, colectivos y redes barriales en las que participamos. Para nosotros las políticas son alianzas o acuerdos de cooperación, pero no son el foco de nuestra acción». Esto diferencia a la extensión en el territorio de otras acciones que la Udelar realiza en cooperación con otras instituciones y actores sociales, explicaron. A la vez, como programa territorial el PIM se diferencia de Apex, cuya impronta está más vinculada a la salud y eso lo lleva a estar muy conectado con las políticas de salud del país. 

Un ejemplo de esa coordinación es el trabajo en el Consejo de la Cuenca del Chacarita, un órgano creado para encauzar el ordenamiento territorial de gran parte del Municipio F que el PIM integra junto a representantes de instituciones locales, la Intendencia de Montevideo (IM) y varios ministerios, cuyo funcionamiento se vio afectado el último año. En este aspecto, a las dificultades derivadas de la situación sanitaria se agregaron las que son consecuencia de los cambios ocurridos a nivel de los gobiernos nacional y local. «Ha habido muchos cambios en las instituciones, por nombrar una de peso, el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), donde se están suprimiendo programas, se fusionaron secretarías y por tanto las personas con las que teníamos contacto no están, o no tienen indicaciones expresas del ministerio. En la medida que haya autoridades y haya equipos, nos vincularemos», aclararon. Respecto al trabajo del PIM en el área de la educación, señalaron que «en nuestro trabajo tratamos de concebirnos como sistema educativo en el territorio, entonces los esfuerzos por coordinar con las instituciones de la educación pública son permanentes de nuestra parte y tienen mil complejidades».

El trabajo con otras entidades tiene riesgos porque «las instituciones son muy absorbentes, podés pasarte todas tus horas de trabajo participando en instancias de coordinación. De hecho algunos de nuestros equipos en algunos momentos quedaron atrapados en eso; después entendimos, y así lo hemos teorizado, que nuestra intervención es la que tiene que determinar la articulación y no debemos enfocarnos en la articulación en sí misma, que muchas veces consiste en un tiempo estéril dedicado a reuniones donde solo se pasa revista de lo que se hace y no se articula nada, donde no se modifica nada de lo que hace cada uno», señalaron. Esa dinámica les aleja del objetivo que generó la creación del PIM, que es el de aportar a la resolución participativa de las problemáticas que hay en el territorio.

Otra de las líneas de trabajo del programa se desarrolla en la Unidad N° 6 del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR). El relacionamiento con las personas allí privadas de libertad se vio afectado con la llegada de la pandemia pero también por el cese del director Luis Parodi. En el primer semestre de 2020, el PIM mantuvo vínculos en forma remota -los internos de esta Unidad tienen acceso a celular, redes sociales e internet-, y acercó materiales para seguir adelante con algunas propuestas, como la del EFI Prácticas lúdicas y artísticas en Punta de Rieles que reúne al Instituto Superior de Educación Física, la Licenciatura en Danza del Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes, la Escuela Universitaria de Música, la Tecnicatura en Dramaturgia de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático y la FHCE y el PIM. Durante el segundo semestre se retomaron los talleres presenciales en la Unidad con estudiantes universitarios de diversos servicios, proponiendo espacios colectivos de juego y experimentación artística.

Capilaridad comunitaria

La crisis sanitaria trajo una profunda crisis económica y social, indicó Cano, con efectos que se proyectarán por mucho tiempo. «Nos preparamos a incorporar eso a nuestra planificación de mediano y largo plazo, tomando esos efectos con centralidad en nuestro trabajo. La dinámica tan terrible que se genera cuando súbitamente más de 100.000 personas caen debajo de la línea de pobreza como sucedió en dos meses, configura el escenario donde nos proyectamos. En ese sentido algunas líneas sobre esa temática permanecerán estables», subrayó.

Según Pérez, las crisis como esta «son recurrentes, tienen nuevos escenarios, nuevas formas, personajes y actores pero se repiten algunas cosas. De hecho en la gente hay una memoria activa de cómo dar respuesta cada vez que le pasa esto, cada vez que se cae». En 2002 se pudo observar cómo algunas cosas se creaban y después perdían fuerza, «de eso tomamos aprendizajes que tuvimos en cuenta para el plan que generamos con Apex», indicó.

«En realidad el Covid trae otra vez algo que no es tan nuevo, que es la agudización de desigualdad», explicó Pérez, agregó que la zona donde trabaja el PIM es «un territorio desigual y no pobre» porque abarca enclaves de riqueza, zonas francas, barrios privados y presenta distintas situaciones de contraste social. Las desigualdades estructurales que existían, que se expresan en el acceso y en las condiciones de trabajo, en el acceso al mercado, entre otras, se agudizaron con la pandemia, «incorporar esa idea para los distintos proyectos tiene que ser una clave para nuestra intervención, para problematizarla con los estudiantes pero también en nuestras investigaciones, para no pensar los temas aislados de su contexto y de su momento», afirmó.

Cano observó que «durante esta emergencia quedó en evidencia la importancia y el papel específico que pueden jugar los programas territoriales de la Udelar, porque en forma similar a lo que sucede en el interior, el PIM y Apex fueron herramientas muy importantes para que los servicios pudieran desarrollar su actividad en extensión, por estos vínculos permanentes que hay con los actores de la zona», al llegar la crisis facultades e institutos pudieron articular rápidamente aportes que tenían sus equipos académicos en proyectos concretos de intervención en el territorio, por la existencia de estos programas. Agregó que Pablo Carlevaro, fundador de Apex y referente en la actividad de extensión, llamaba «capilaridad comunitaria de la Universidad» a esa condición de cercanía y permanencia de vínculos estables que hace que cuando en un territorio hay una problemática que requiere urgencia, la Universidad tiene ahí instrumentos para que todos los servicios puedan actuar. 

En una reflexión sobre los numerosos aportes de la Udelar a la sociedad desde la llegada de la pandemia, señalaron que además de las valiosas acciones en el campo de la investigación, el cuidado de la salud y otras áreas del saber, «también hay un trabajo de hormiga, de construir estas redes que permitan capilarizarse mejor en la comunidad, que la Universidad viene haciendo durante más tiempo y que a veces puede quedar invisibilizado». 

Fuente: postal Udelar

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